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La crisis del arte en la era de la inmediatez

Octubre, 2025


Bernardo Serrano Estrada


En la época actual, cualquier objeto —una cama sin tender, una hoja arrugada, un plátano pegado con cinta— puede ser considerado arte si va acompañado de una “intención” o cualquier narrativa.


Se nos dice que “todos tienen la libertad de expresarse como quieran” y que “todo es subjetivo”. Pero, ¿en verdad es así?


¿Hemos confundido libertad con ausencia de criterio?


¿Democracia cultural con mediocridad? ¿Expresión con obra?


¿Cómo hemos llegado al punto en el que se aprecia más el concepto que el oficio, más el escándalo que la maestría?
 

El cambio de paradigma: del arte como disciplina al arte como discurso


Durante siglos, el artista era un maestro en su totalidad, no solo en la técnica.


Leonardo da Vinci diseccionaba cuerpos para entender el movimiento.


Miguel Ángel esculpía mármol como si fuera carne viva.


Picasso dominó el realismo antes de destruirlo con el cubismo.


Hoy, en cambio, muchas personas que se auto-consideran “artistas” no les interesa dominar una técnica. Basta con tener una “supuesta” intención, una narrativa, una declaración.


El arte se ha desplazado del objeto con “alma” al discurso, del oficio al concepto.


Esto no significa que sea malo —el arte conceptual tiene su historia y su valor—, pero el problema surge cuando se vacía de exigencia y profundidad, y cuando cualquier ocurrencia se disfraza de propuesta crítica solo porque es “disruptiva” o “viral”.

Redes sociales y la cultura de la inmediatez

La irrupción de redes sociales ha transformado por completo la forma en que consumimos arte y cultura.

Ahora:

- El éxito se mide por “likes”, no por dejar una “huella”.
- Lo que vale es lo que “funciona rápido”, no lo que exige contemplación o estudio.
- La emoción momentánea sustituye la reflexión profunda.

La cultura del algoritmo premia lo visualmente llamativo, lo polémico, lo accesible. Esto ha creado un entorno donde el artista muchas veces compite con “influencers”, y donde el arte se vuelve contenido.

Y lo más grave: la saturación de información nos ha vuelto menos sensibles. Ya nada nos impacta, y por tanto, muchos “verdaderos artistas” son orillados a jugar el mismo juego.

 

La democratización del arte: ¿avance o retroceso?


Se suele decir que hoy vivimos una “democratización de todo”: cualquiera puede opinar sobre cualquier tema, crear, y asumirse artista —o incluso profesional en cualquier disciplina— sin necesidad de una preparación formal.


Y sí, esto ha abierto puertas importantes, especialmente para personas con talento que históricamente no habían tenido acceso a plataformas, recursos o visibilidad. En muchos casos, su reconocimiento era improbable o sencillamente imposible.


Sin embargo, no toda expresión personal se debería de considerar como una obra artística de valor duradero, y no toda opinión tiene el mismo peso crítico.


Carl Sagan decía:

“El hecho de que puedas tener derecho a tu opinión no significa que toda opinión sea igualmente válida.”


La libertad de expresión es esencial, pero necesita ir acompañada de criterio, educación, conocimiento, sensibilidad y contexto.


La democratización, mal entendida, ha generado una peligrosa idea:
“si a todos les gusta o a la mayoría, entonces es arte”
.


Pero el arte no es solo gusto. El arte sin exigencia se convierte en entretenimiento pasajero.

¿Y los nuevos grandes maestros? ¿Las grandes obras emergen de grandes tensiones?

En épocas pasadas, muchos artistas dejaron su legado en respuesta o en diálogo con crisis profundas, conflictos existenciales o momentos históricos complejos. No significa que solo haya “buen arte” cuando hay tragedia, pero sí es verdad que la situación del momento histórico influye directamente en la profundidad del arte.

Las crisis —guerras, persecuciones, revoluciones, colapsos culturales— despiertan en el ser humano una urgencia por:

- Comprender su lugar en el mundo
- Dejar un testimonio
- Buscar trascendencia
- Resistencia al olvido
- Crear belleza donde no la hay

Cuando el mundo se desmorona, el arte puede ser un grito, un consuelo, un mapa, un acto de memoria.

Por ejemplo:

Renacimiento:
Surge tras siglos de oscuridad medieval, pestes y crisis religiosas. Fue una respuesta de reafirmación de la vida, el cuerpo, la razón.

Goya y las Guerras Napoleónicas:
Dejó en sus obras (Los desastres de la guerra) uno de los registros más crudos y humanos del horror bélico. No era propaganda; era humanidad desgarrada.

Picasso y la Guerra Civil Española:
Guernica no es solo una obra maestra: es una herida abierta en el lienzo.

Después de Auschwitz:
El arte tuvo que replantearse todo. La poesía, la pintura, la música se volvieron silenciosas, fragmentadas, reflexivas, como en Adorno, Celan o el minimalismo musical.

Los artistas latinoamericanos bajo dictaduras:
Como León Ferrari, Salcedo o Vicuña que usaron su arte como resistencia, memoria y denuncia.

 

¿Y qué pasa hoy?

Hoy vivimos en una sociedad (al menos en muchas regiones del mundo occidental o globalizado) donde la vida, aunque aún tiene muchas crisis (climáticas, psicológicas, económicas, bélicas), está marcada por:

- Satisfacción inmediata
- Entretenimiento constante
- Estímulos superficiales
- Un miedo al silencio y al dolor
- Una desconexión con la realidad, la historia, lo espiritual o con el otro

Y esto produce una estética más superficial, más desechable, más emocional que reflexiva, en muchos casos.

Ya no se trata de dejar una “huella”, sino de producir algo que funcione, que guste rápido, que no incomode demasiado y, si es posible, que genere fama y dinero.

¿Todo es arte?

No.

Todo puede ser una expresión legítima, una idea o una provocación.
Pero eso no lo convierte automáticamente en arte con valor estético, histórico o humano que pueda perdurar a través de siglos.

El arte, como cualquier otro modo de expresión, requiere dominio, búsqueda, profundidad, práctica.

Así como no todo lo que se escribe es literatura, no todo lo que se expresa es arte.


El arte como menú infantil

Imaginemos dos menús: uno infantil, con papas fritas y hamburguesas; otro adulto, con sabores complejos, ingredientes que desafían el paladar.

Ambos son válidos, gustan. Pero solo uno logra expandir los sentidos.

El arte de hoy muchas veces se queda en el menú infantil: accesible, placentero, rápido, sencillo.

El arte que perdura, en cambio, te forma como espectador. Te exige. Y te transforma.

 

Conclusión: el arte necesita profundidad

No estamos en una crisis de creatividad, sino en una crisis de profundidad.

Vivimos en una época que ha confundido provocación con valor, viralidad con trascendencia, y libertad con falta de criterio.

No todo está perdido: aún hay artistas que entienden el arte como una búsqueda espiritual, intelectual, filosófica, no solo como un vehículo de ego.

Pero necesitamos, como público, recuperar la mirada crítica, el silencio contemplativo, la sensibilidad entrenada.

Y quizás entonces, dejaremos de celebrar inodoros como fuentes o plátanos pegados a la pared, y comenzaremos a buscar de nuevo lo que nos eleva como humanos.



Las imágenes utilizadas provienen del videoclip oficial de la banda Ophidium, correspondiente a su tema "Trending Topic".